Libro de visitas | Deje su mensaje

Este es el libro de visitas de Jose Luis, presiona "deje su mensaje" para escribirle.


 
 
Nombre: Alfonso
E-Mail: parraolmo@ yahoo.es
Mensaje: Ahora que eres famoso, o casi, permíteme presumir un poco. Logramos ganar un pemio literario, aquel convocado en el Centenario de Juan Ramón Jimenez, con un texto conjunto en 1981. Tú entrabas en la mente del autor a través de tu fantasía; yo escalaba sus versos en busca de respuestas. Nos dieron 35.000 pesetas, pero en libros. Recuerdo la textura y hasta el olor de aquel cheque, y la mañana en aquella librería del centro, eligiendo volúmenes a diestro y siniestro, escaleras arriba y abajo, hasta agotar el enorme presupuesto en estanterías probablemente equivocadas. Qué placer irrepetible... Antes de eso, después y ahora , logramos juntos otras y variadas conquistas: el aprecio sincero de los mejores profesores, el corazón de nuestras repectivas madres, el amor pasional de algun@s adolescentes, la envidia de tantos seres anodinos, la complicidad de los que disfrutan viviendo, y un largo y, por ahora, eterno etcétera. Suerte con esta web, amigo- hermano, y con el resto de tu fructífera y multi-vivida existencia.
 

 
 
Nombre: Alfredo
E-Mail: villaenvid ia@hotmail .com
Mensaje: Recuerdo las noches en las que tú nos contabas historias. Nunca hemos tenido hora para irnos a dormir, pero cuando llegaba ese momento no me parecía ningún suplicio. El tiempo que tú no estabas en casa cogía un libro, bueno, por entonces, un comic y me lo leía, a veces hasta lo releía porque siempre estábamos escasos de ese bien tan preciado. Pero cuando venía el periodo de vacaciones no me importaba no tener dinero ni para mi ya olvidada afición, ahí estabas tú para suplir esa falta de literatura. ¿Recuerdas las noches de verano? podían darnos las 3, 4 ó 5 de la madrugada. Mamá, a la mañana siguiente estaba llamándonos hasta la saciedad. Cuando conseguía levantarnos, nos envolvíamos en aquéllas sábanas de colorines y nos deslizábamos hasta los sillones para seguir durmiendo y así poder continuar con la misma bendita rutina. ¿Y las noches de invierno? Acostados, tapados hasta la barbilla y hundidos en esos colchones de espuma, sólo se nos veía el vaho que se desprendía de nuestra boca a causa del frío. Pero esos momentos... Todavía me pregunto como podía existir un hombre que no sabía decir cuarenta, o que pudiera vivir una persona alimentada a costa de mierda de burro, o que una palabra en checo (idioma que dominabas, como otros muchos) pudiera significar una frase entera, p. ej: Piri quiere decir en castellano; "Quiero un bocadillo de jamón". Recuerdo las noches en donde tú nos contabas historias. Para tod@s el que lea este mensaje, ¡se las inventaba sobre la marcha! la yoya (mi hermana) y yo no valorábamos por entonces la magnitud de semejante imaginación, pero ahora, cuando leo algún relato en su página web, me doy cuenta del mérito que le corresponde. Del callejón a número 1.
 

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