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Los sentimientos de Wigfredo

Al caer la tarde otoñal, el cielo se va tornando grisáceo y las montañas se van oscureciendo lentamente, el viento sopla infatigable y el mar ruge con bramidos lastimosos. Es entonces cuando algunos, sólo algunos, se retuercen en su tristeza infinita mientras que la soledad te va mordiendo a destajo cada parte de tu cuerpo, el corazón, afligido, se va encogiendo hasta que se diluye en un manto de fina lluvia y de lágrimas. La noche va cubriendo el paisaje frío y desolado y es entonces cuando sabes que estás solo, tremendamente solo, y que no hay nadie en quien apoyarse, quieres, necesitas llorar, alzas la vista y ves una estrella que brilla con más fuerza que las demás, hasta allí quieres llegar, necesitas remontar el vuelo, elevar el espíritu que, decaído y atormentado, se revuelca en tus propias entrañas para dejar de sufrir... Pasados esos instantes de angustia infinita llegas a agradecerte a ti mismo, nuevamente, que sigues vivo.

 

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