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Después del 9

Tu ahora incalculado futuro lo vestiste de fúlgido azul cual tu indistinguible inteligencia, previsora y atenta. Sin embargo, dama errante, continúas perdida, sin localizar aquello que soñabas indolente, pues tu prestigiosa y vertebral figura aspirar podía, sin duda, al hombre que tú habías dibujado. Tú misma te has engañado. Has confiado en exceso en tus dotes, tu buena dotación genética. Tu estupendísimo talle y tu simpar donaire. Calculaste que cualquier hombre accedería a tus pretensiones, incólumes, ensimismados por tus encantos, y volverías a sentir que tu corazón se laminara gozoso; pero criatura ingenua, caricatura arcaica, los giros del corazón no los controla la mente, ni siquiera el propio corazón, tus operaciones algebraicas se han diluido en la nada. Sigues estando sola. Sólo te tienes a ti misma, a tu cuerpo deseable que se aja, y a tu atroz inteligencia. Sin embargo puedes continuar con tus sueños de princesa, eso es lo que te mantiene viva. Si alguna vez nos cruzamos, te pido por favor que me devuelvas los míos.

 

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