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Querida prima Lucía

Te escribo para contarte lo mal que me encuentro, pues me siento responsable, en parte, de todo lo sucedido. Creo que no deberíamos banalizar en las cosas del amor y teníamos que considerar que dos personas, sean de la condición que sean, pueden amarse. ¿Por qué somos tan soberbios al imaginar que nuestros sentimientos son los auténticos? ¿Que el resto de las personas que se enamoran lo hacen por puro entretenimiento? Más adelante comprenderás el sentido de mis palabras. Aunque no estoy segura ni de lo que digo, ni de lo que siento, igualita que tú. No sé si sabrás que llevamos cinco meses buscando a mi hermano Toribio su novia se quedó muda como una lechuza. Empezó a tartamudear y se quedó cuajá. He localizado su diario, el de Toribio, y, como comprenderás, lo he leído, fue por casualidad, rebuscando en el arca ropa para este invierno, no tenía ni idea de que mi hermano, o sea tu, que hemos puesto anuncios en la prensa, la radio, incluso mi madre fue a la televisión de Andalucía para dar su testimonio, la pobre, se quedó más cortada, sólo respondía con monosílabos, y cuando le preguntaron si Toribio se habría fugado con su novia se quedó muda como una lechuza. Empezó a tartamudear y se quedó cuajá. He localizado su diario, el de Toribio, y, como comprenderás, lo he leído, fue por casualidad, rebuscando en el arca ropa para este invierno, no tenía ni idea de que mi hermano, o sea tu primo, fuera tan cursi, aunque no desentona mucho con su personalidad, siempre tan reservado y a veces esquivo. Tú sabes que entre él y yo no hubo secretos pero nunca se sabe, puede que halle alguna pista. Me veo en la obligación de leerlo minuciosamente para poder resolver este puñetero atolladero. Empezó a escribirlo a partir de cierto momento, algo reciente, pero comienza aludiendo a nuestra infancia, se expresa de una manera tosca y simple, aunque se aprecia una delicadeza especial en algunas de sus expresiones. Ya sabes que él no acabó siquiera los estudios primarios, no tuvo la suerte que yo, que llegué al bachillerato. Cuando éramos niños acostumbrábamos a jugar juntos, mis padres y el resto de los hermanos se oponían a que Toribio pudiera jugar con mi cocinica o mi muñeca, recibía coscorrones cada dos por tres, y se le llenaba la cabeza de porcinos y borruchos, la guasona de mi madre decía que había tenido dos niñas, pero después de la bromita recuerdo que se quedaba mudita como una lechuza y se le dibujaba en el rostro una mueca de congoja. Entre nueve machotes, sin contar a mi padre, agradezco que Toribio estuviera unido a mí. Conforme se hacía mayor, tanto le reprimieron sus maneras que intentaba imitar a los brutotes de sus hermanos, pero cuando estábamos a solas era él, mi Toribio. Al cumplir los once años dejó el colegio y ya debía ir a trabajar, pero si era un crío, claro que tu tío decía que él con siete años ya estaba trabajando como un burro. No podía reconocer que Toribio era un niño especial, seguramente en el colegio hubiera desarrollado gran parte de sus inquietudes, pues tenía mucha sensibilidad. Allí me lo encuentro, el primer día de trabajo, con los calzones de pana verdes descoloridos, que han pasado por todos los hermanos, le quedaban enormes, prendidos con unos tirantes elásticos que pertenecían a mi abuelo, como un monigote, con sus coloretes, su pelambrera indomable y sus mocos resecos, qué penita me daba. Hoy no podemos jugar con tu cocinica, me decía, con los ojitos llenos de pitarras, medio adormilado. Cuando tocaba recoger la aceituna durante el crudo invierno volvía mi hermanico con las manos comidas de sabañones, aparte de tener que soportar las burlas de los demás. Mi madre y yo nos hartábamos de lavar pantalones, calzoncillos, calcetines, abrigos...Tan sólo descansábamos cuando iban a recoger las fresas a Huelva, los melocotones a Guadix o a los invernaderos de El Ejido. Por cierto, ahora nos llaman en el pueblo los temporeros, nuestro nuevo apodo. El pobre de Toribio llegaba fundío, entonces mi padre empezaba a contar sus batallitas de cuando iban a la vendimia francesa, que si los tenían explotaos, que si les pagaban un pimiento, que si tenían que dormir en el suelo, en fin, ya conoces a tu tío. Con todo este panorama no me extraña que mi hermanico deseara irse del pueblo, sin embargo sus opciones eran bien reducidas: A los hoteles de Mallorca, de camarero a la Costa del Sol y poco más. Se presentó a las oposiciones de Correos, para celador, para conserje...Si hubiera seguido un poco más en la escuela, algo le hubiera caído. Pero mira tú por dónde se presenta a la Guardia Civil y las aprueba de chiripa. Llegó a la casa loquito de contento y les dijo a sus hermanos, medio llorando, que se alegraba de perderlos de vista. Por lo visto mi madre habló con alguien importante de la ciudad, alguien con quien estaba medio emparentada, ya sabes, lo del “enchufe”, porque, seamos sinceros, las probabilidades de que aprobara Toribio cualquier examen eran nulas, no obstante, mi madre, después se arrepintió, quería ayudar a su hijo y lo envió a la boca del lobo. Cuando salen los destinos lo mandan a Bilbao, fíjate tú, el muy ignorante, el pobre, no sabía que allí ganaba más, como complemento de peligrosidad, le sonaba lo de la ETA pero no sabía lo que era exactamente. Las noticias dejaron de verse, imagina que un día sí y otro no daban la información de algún atentado terrorista por televisión, lo que en principio veíamos con relativa aprensión se tornó en algo angustioso, hasta que mi madre le pegó un tijeretazo al cable. ¡Ay, Dios mío! Pero si recuerdo que se quedaba como un bobo viendo al Espinete y la Caponata esa. ¡Qué leches iba a conocer del mundo! Mi madre decía que era demasiado pajuato y un poco abanto para hacer ese trabajo y se echaba a llorar como una pánfila, pero ya estaba hecho y él estaba completamente decidido, ya no tendría que trabajar más como una bestia, ni soportar a sus crueles hermanos. Bueno, prima, ahora no puedo seguir escribiendo, ya te contaré el resto. Cuando leas todo lo que me queda por contarte te vas a quedar cuajá. 9-11-198... Mi queridísima prima Lucía: A algún jefazo se tuvo que camelar, con esa carita de niño expósito que sabe poner, que consiguió salir los fines de semana nada más llegar al cuartel. Anduvo unos días por la capital, que se le antojaba inmensa, más despistado que un gitano en un aseo. Iba buscando bares de mariquitas, ¿te lo imaginas?, para eso sí que era listo, como en el pueblo no se comía una rosca ni salía de virlonteo, iba como las perras en celo, el señor me perdone, que sea todo lo sarasa que quiera pero que no se acueste con ningún maricón. El caso es que al poco tiempo de estar allí conoció a un vascorro auténtico, en una discoteca. La describía como un lugar oscuro y morboso, sí morboso, pero dónde habrá aprendido esa palabreja Escribe que estuvieron como media hora mirándose, picardeándose, hasta que empezaron a sonreír los dos, como dos bobalicones. Se le acercó el vascorro, lo invitó a tomar una copa, le ofreció un cigarro, en fin, lo típico, temblaba mi hermanico de emoción, el cigarrillo se le resbalaba de los dedos, y como no fumaba tosía después de cada calada. El otro lo miraba, al notar que era un pipiolo en estos asuntos, con la seguridad y la confianza de un John Wayne. Cuenta que se llama Mikel Rezusta y que a él le dio vergüenza decir que se llamaba Toribio y que se cambió su nombre, también le dijo que estaba estudiando. El otro lo llevó a un reservao, y empezaron a morrearse con locura, se intercambiaron direcciones y cada cual habló de su infancia, los amigos, su familia... No sabes lo que fantaseaba Toribio, se nota que no está muy orgulloso de su pueblo, ni de su familia, le dijo que su padre era jefe de una empresa, que tenía tres hermanos y una servidora, que eran médicos o abogados, y una sarta de mentiras y tonterías que denotan claramente sus complejos, aunque yo creo que se trata más bien del complejo del pobre andaluz que sale fuera y ve que todo es superior a lo que tiene en su tierra. El caso es que cuando más tontitos se encontraban, a mi hermano se le cae su carné de guardia civil y él descubre el pastel. Se puso como un potro salvaje y le dijo a grito pelao que ya que se habían sincerao debía saber que estaba preparándose para entrar en lo de la ETA, pero que no lo admitían. El berrinche tan gordo que pilló el pobre Toribio, no quiero ni pensarlo, qué disgusto más grande, y pa colmo el muy desgraciao va y le dice que se aleje de él, que si le ordenaran algún día que tenía que matarlo debía obedecer, que él, Toribio se entiende, representaba al estado fascista y opresor, aún así va y escribe en su diario que el otro sería capaz de matarlo por amor, habráse visto persona más jigona de hermano que tengo. Pasados unos días, Toribio volvió al pueblo, se encerró en su cuarto y no salía ni pa comer. Todos le preguntábamos pero él no respondía, mudo como una piedra, claro y todo el mundo a hacer suposiciones. “Eso es que le ha dao miedo de lo que hay allí y sá venío”, decía mi madre, “mi niño, mi niño, pero si es un abanto”. Cuando todo había vuelto a la normalidad, aparece por aquí Mikel, yo entonces no sabía nada, claro, que si no le meto un sartenazo, venía a pasar unos días con Toribio, imagínate, tuvieron que dormir en la misma cama, mi hermano cambió de humor como de la noche al día y mi madre le dijo al vascorro “Dios te bendiga, hijo mío, que le has devuelto la alegría a mi Toribio”. El vasco se sorprendió cuando vio dónde se encontraba al contrastar con lo que le había relatado el pánfilo de mi hermanico, le comentó que no se avergonzara nunca de aquello que tiene, ni tampoco de su tierra ni de su gente, pues todo ello representa lo más grande del ser humano, que debemos luchar por unos ideales, por nuestra tierra, incluso hasta la muerte si es preciso, todo esto debe justificar nuestra existencia, cuando parecía que iba ganando en elocuencia Toribio va y le replica que deberíamos luchar por una vida más digna y justa para todo el mundo, sean del lugar que sea, que eso de defender territorios hasta la muerte es un atraso, que eso se hacía en los tiempos prehistóricos, que debemos preocuparnos por nuestro planeta, que va de mal en peor, con tantas guerras, hambres e injusticias, que cualquier ser humano nos debe importar infinitamente más que cualquier trozo de tierra, que cuando muere una persona en el mundo, sobre todo si es gente inocente, algo de nosotros también se muere. Cuando leí esto me quedé cuajá, es la primera vez que Toribio expresa unas ideas tan trascendentales, a lo mejor no es tan ingenuo como parece. El otro abrió la boca para replicarle y se quedó como una estatua, con el índice levantado, mudito como una lechuza. Pasaban todo el día juntos, sabes, como uña y carne. Mikel le enseñaba palabras en vasco a Toribio y éste en andaluz, iban al río a nadar, a pasear por el campo y cuando llegaron las tormentas de verano se tiraban toda la tarde en su habitación oyendo música, como dos enamorados. Los Pecos, Camilo Sesto y otras horteradas que le gustaban a mi hermano, Mikel le ponía algunas cintas que se trajo de Lou Reed, Génesis... Toribio escribe que empezó a amar este tipo de música, desconocida para él, porque la relacionaba con su amado, verdad que es muy bonito lo que dice. El caso es que vino para unos días y ya llevaba más de un mes, con lo cual hubo de ir también a recoger papas, no sá jorobao. Cuando se lo propusimos, nos miró un tanto desconcertado como diciendo ¿No estaréis de coña? Pero antes de que pusiera alguna excusa mi padre lo agarró del brazo y lo arrastró literalmente mientras le hablaba con sorna: Debes saber que aquí en el sur curramos en el campo como bestias, que aquí eso del sevillaneo no es todos los días, y cuando llega la juerga pues a disfrutarla, que bien nos la merecemos. Volvió al anochecer, como si le hubieran dao una paliza, decía que se iba a ir de este lugar, que eso no se hacía con los invitados, esa noche reíamos todos con las ocurrencias del vascorro, quisiera que hubieras visto la cara de Toribio, no cabía dentro de sí de pleno gozo. 20-11-198... Querida prima Lucía: Han transcurrido ya algunos días desde que recibí tu última carta, me molesta que no confíes en mí y que no me cuentes qué te sucede, sabes que ahí en Barcelona te exigen el catalán para esas pruebas a las que te quieres presentar, que tus padres no te apoyan, que si te dicen que dejes al chico con el que sales y te cases con algún andaluz, que te debes dedicar a tu casa y a tus hijos cuando llegue el momento. ¡Pero qué atraso, hija! Es que noto en tus palabras como si fueras muy desdichada. ¿No estarás embarazada? No creo que hayas sido tan pánfila. Te voy a contar algunas cosas que te van a sorprender, voy a empezar por lo más graciosillo, ya verás como todo se ha complicado y yo tampoco sé qué hacer. La cuestión es que tengo un sentimiento de culpa y un pellizco agarrao en el estómago que no veas. Espero que soluciones pronto lo tuyo, ya sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, y si allí no puedes confiar en nadie ya sabes que aquí estoy yo para apoyarte en todo. ¡Qué gracia, prima! El día que mi madre se cortó un deo al limpiar el pescao y vio Mikel la sangre, nada un poco, va y se marea, el tío tan grandullón allí tirao en mitad de la cocina. Mi madre, con toda su buena fe, se le acercó con el cuchillo en la mano y toda pringosa de sangre y de vísceras, entreabrió los ojos y la contempló horrorizado, con lo que le dio un vahído aún más prolongado, volvió en sí balbuciendo: “No puedo, no puedo” Ahora comprendo por qué no lo admitían en las brigadas terroristas esas, aunque me olía a chamusquina que estuviera aquí tanto tiempo. Si quieres que te diga la verdad empezó a gustarme el zagal éste, desde luego era al único que no podía mirarlo como un hermano. Lo que sucedió una mañana tenía que suceder tarde o temprano, digo yo, mi madre iba tan dispuesta a despertarlos una mañana de domingo, que había chocolate con tejeringos, como eso de llamar a las puertas, sobre todo si es en tu propia casa, y decir “se puede”, como los señoricos, le resultaría algo estúpido, abrió la puerta de golpe y ¡zas¡, se los encontró en pelotas, pegaos como dos lapas y besuqueándose. Tu tía puso el grito en el cielo, no te quiero ni contar, que si eran unos guarros, que había venío a pervertir a su hijo, “ no, si ya me extrañaba a mí, siempre tan juntitos”, que en su casa no quería maricones, mis hermanos, como los gitanos, oye, que los querían matar a los dos, qué vergüenza más grande, los vecinos se enteraron, claro con tantas voces, mi padre se quedó mudo y estuvo varios días sin hablar, como si hubiera visto un fantasma. Y Yo digo, prima, que, después de todo, no es preferible ver a dos muchachos besándose que peleándose, pues esto le dije a mi madre cuando se calmó, entonces recapacitó y quiso darles su bendición –lo mismo que cuando una mocica se fuga con alguno y vuelve con una barriga-, el caso es que ya era tarde, pues se habían marchao, no sabemos a dónde, toda la familia está desesperada, pues se sienten culpables, para todos Toribio sigue siendo el hermano menor, el más chico. Como te dije mi madre ha llegao a ir a la televisión, pero no quiso decir que se marchó con un amigo, se le ocurrió lo más normal, que se fue con su novia, y el locutor decía que eso es normal entre los novios, que ya volverían. Las vecinas recriminaron a mi madre, que no tenía que haber mentío, que así nunca lo encontrarían, que no se avergüence de tener un hijo moña, que a cualquier madre le puede tocar, pues casi todas se encontraban en edad de concebir, que a los hijos se les debe de querer sean como sean, mariquitas, borrachos o maleantes, así que mi madre se hinchaba de llorar, hasta que le entraba hipo, empezó a sentirse avergonzada de sí misma, una tarde nos encontrábamos las dos a solas y musitó, pude escucharla: “de todas maneras ese podía ser un buen muchacho para mi Toribio”. En su ausencia se presentó en la casa un comandante o un teniente, no lo sé, de la Guardia Civil, buscando a Toribio, por lo visto mandaron varias cartas para que se reincorporara, pero yo creo que mi madre las recogía y las rompía. Tenía bigote, cómo no, ignoro lo que hablaba con mi madre, desde la habitación contigua escuchaba sus gimoteos, cuando se hubo marchado entré y la hallé encendida como un pimiento morrón, descompuesta, me dijo sofocada que lo iban a meter en la cárcel por desertor, que se le iba a hacer un juicio pero que saldría culpable, le comentó al guardia dando hipidos que él no tenía la culpa puesto que todos los avisos para que se reincorporara ella los iba quemando. Que su hijo no servía para ese trabajo. El berrinche que le dio a mi madre el condenao, pero para qué leche querían a un pajoleto como mi hermano. Casi al mismo tiempo llegó un señor preguntando por Mikel, llegó aporreando la puerta, como un mostrenco, con los mismos aires de superioridad que el guardia, será que los altos mandos piensan que todos debemos estar a sus órdenes, salió mi padre, se plantó delante y le dijo que si volvía a dar esos golpes le arrancaría los güevos de cuajo, éste ni se inmutó, desafiando a mi viejito con su terca mirada, hablaba como Mikel, muy fino, debía ser del norte, y nos contó que si lo veíamos le dijéramos que no se escondiera, que darían con él, seguro que era de la ETA, qué susto, prima. Desde luego ya sabrán que son buscados y se irán ocultando, como dos fugitivos, los pobres. Lo que te voy a contar ahora no sabía si decírtelo, pues estoy muy arrepentida. Antes de que empezara todo el follón de encontrarlos a los dos enroscaos, le dije a Mikel que debía ser marica, que eso de venir tan lejos y acostarse con mi hermano, que era muy sospechoso, quise ponerlo a prueba para ver qué contestaba. Instantáneamente dio un respingo y lo negó y me dijo: “te tengo que demostrar lo hombre que soy”, es uno de esos que no lo tienen asumío. Esa misma noche entró en mi habitación y estuvimos...bueno ya me entiendes. Entre mi inexperiencia y lo torpe que él era no hicimos gran cosa, ni siquiera mi quitó las bragas, yo tampoco se lo iba a poner tan fácil, me besuqueaba en el cuello y cuando le ofrecía mis labios los rehusaba oye, eso sí los pezones me los mordía suavemente, qué gusto, pero él tampoco se quitó los calzoncillos, se restregaba conmigo como un perrillo, entonces se tumbó boca arriba y me susurra: “espera que me concentre y me la meneas”. Le dije que eso no se lo había hecho a nadie, que se la meneara él. ¿No te parece insultante? En ese momento me miró con arrebato y me besó con lengua y todo, de pronto saltó como un muelle de la cama y exclamó: Para que veas, nunca dudes de mi hombría. Yo me quedé cuajaíta, con la miel en los labios. Anda que si lo llegan a pillar mis hermanos o mi padre, nos tendríamos que casar. Esto es un secreto entre tú y yo, mi querida prima. Ahora que no está él me parece que estoy enamorada, eso creo, la verdad es que no dejo de pensar en él, también en mi hermano, claro. Por todo esto estoy tan mal. ¿No te parece que por mi descaro se ha producido todo esto? ¿Crees que le habrá contado algo a Toribio? Me siento sucia por haber intentado robarle el novio a mi propio hermano. ¿Comprendes ahora mi malestar? Quisiera encontrarlos y decirle a Mikel que lo quiero y a mi hermano que se merece otro mejor, que como se descuide lo engaña con alguna, se lo he de contar yo misma, ¿o no?, lo cierto es que estoy hecha un lío, no sé qué hacer. Por eso me gustaría que vinieras las próximas navidades, además, hace muchos años que no te llegas por el pueblo. ¿No dices que allí en Cataluña no te aprueban por no dominar el catalán? Pues vente aquí, que es tu tierra y ya no tendrías que soportar a los puritanos de tus padres, y despréndete de ese chulo con él que estás, que no te quiere prima, no te lo quería decir, que no es normal que te haya dejado compuesta muchos domingos, ni que no te presente a sus amigos, como si se avergonzara de ti, ni que te diga que eres una ordinaria como todas las andaluzas, ese sólo te quiere pa la cama. Anda, Lucía, vámonos prima a buscarlos, tengo dinero ahorrado, cambiaremos de vida, nos convertiremos en dos fugitivas y yo estaré cerca de los dos muchachos que más quiero y tú también, al fin, ¡estarás libre¡ Un beso muy fuerte de tu prima que no te olvida

 

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