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25 años

Han pasado 25 años, demasiados, casi una vida. Nos hemos reencontrado todos en un tranquilo lugar de “El Palo”, llevaba esperando esta cita durante unos meses, confieso que iba demasiado alterado para el evento, pero seguramente no era nada desproporcionado. En 1977-1981 nos sentíamos muy unidos....La sensación de pertenecer a un grupo compacto, lleno de vitalidad, pletórico de jovialidad me resultaba plenamente satisfactoria. Vivíamos cada día con una dulce intensidad, esperábamos con alegría, incluso, las clases para vernos, hablarnos, tocarnos y programar el fin de semana, ingenuas salidas a Torremolinos o alguna discoteca del centro para volver antes de las ocho de la tarde, trotando para no perder el próximo tren o autobús. Las primeras miradas han resultado un poco confusas pero el aturdimiento inicial no ha impedido un reconocimiento pleno, pues la voz y los ojos permanecen inmutables. Nuestra voz, inquebrantable, imperturbable, nuestra mirada enfundada en nuestros ojos limpios y deseosos de abrazar, mirar y reconocer entre arrumacos y sonrisas tiernas y ajenas al zarpazo que el tiempo nos ha asestado impunemente durante estos veinticinco años. Hemos saltado, diría yo, casi victoriosos, el dique que parecía infranqueable. Algunos-as rebosaban tanta ternura en sus gestos que me parecía algo tan inconmensurable como el mar que nos abarcaba. Isabel Merino se emocionó de inmediato y sus lindos ojos oscuros se le iluminaron con sus incipientes lágrimas. Nieves apareció muchos más sexy que como yo la recordaba, menuda mujer, qué abuela tan apetecible y atractiva, un cutis envidiable y un físico de una chica de treinta. Se cuida y lo trabaja. Y Yolanda, aquella jovencita tan dulcemente tímida, de cuyo nombre no podía acordarme porque su encantadora mirada me bloqueó la memoria. Y por fin apareció el inimitable Alfonso Carlos Parra Olmo, ese amigo, gran amigo que ocupa un lugar privilegiado en la lista de mis mejores compañeros, él ha sido una de las personas que más he admirado en mi vida, por su agudísima inteligencia, su fino y elegante sentido del humor, su porte, su talante comedido y su atractivo latino que embelesaba a la más fría y dura de las criaturas. Loren, la chica que pasa inadvertida en un primer momento pero que su presencia me transmite un equilibrio cercano a la templaza del mar en una noche sin brisa ni viento que lo altere. Y otras tantas compañeras y compañeros, amigos y sobre todo amigas del pasado que han permanecido en mi mente y que he rememorado en mis noches de soledad, porque su recuerdo me satisfacía simplemente y me reconfortaba. Los he reencontrado, los he localizado. Por unos segundos pensé que había viajado en el tiempo, pero los móviles y las cámaras digitales me devolvían al déspota presente, verdugo implacable e invisible del futuro. La velada ha transcurrido distendida, rememorando todo tipo de anécdotas, cada cual apuntaba la suya y entre todos hemos recompuesto el puzzle perdido de nuestras vidas, de nuestra memoria perdida. He regresado en el coche con una congoja que me apretaba el pecho y me impedía respirar con desahogo, empecé a gimotear y por fin brotó una lágrima, los ojos se me humedecieron, sonaba la música de antaño en el coche (la he llevado a propósito). Y he maldecido al tiempo, al maldito tiempo, y me he cagao en la madre que lo parió, no porque nos haya transformado físicamente, para mí incluso puede ser lo de menos, sino porque aquella época que yo tenía escondida en algún rincón de mi memoria ha brotado de golpe con una contundencia casi animal. Todos llevamos a cuestas unas vidas tan distintas y ajenas como nuestros propios rostros, algunos ya cansados de vivir, y otros deseosos de revivir todo lo pasado, lo perdido y lo ganado. He llorado porque quizá pasen otros tantos años y quizá ya ni nuestras voces, ni nuestras miradas se reconozcan. Hemos vivido los mejores años de nuestra vida, nuestro despertar. Yo quisiera seguir imperturbable en la sombra densa del recuerdo y esquivar la negra luz del olvido.... No sé qué pensarás de todo esto pero cuando he llegado a mi casa es lo primero que se me ha ocurrido escribir, impelido por la embriaguez y la sinceridad que ésta transmite, es un texto sincero y sin adornos.... Hasta pronto..... amigos del alma.

 

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